Delito de amenazas

El delito de amenazas, en primer término, podemos entenderlo como la acción de amenazar y de esa manera nos lo define el artículo 282 del Código Penal Federal, donde sin definir la amenaza en sí, establece las sanciones para las mismas.

Delito de amenazas

El delito de amenazas consiste en expresar el propósito de ocasionar un daño futuro a una persona o a sus familiares.

Gramaticalmente, una amenaza es el acto de intimidar a alguien con el anuncio de la provocación de un mal grave para él o su familia. Una vez entendiendo la amenaza como un anuncio, podemos remitirnos nuevamente al citado artículo, donde se establece que el daño puede ser en la persona, sus bienes, su honor, o sus derechos de esta o de alguien con quien tenga algún vínculo (por ejemplo ser familia o la amistad, incluso compañeros de trabajo).

La amenaza se castiga de manera abstracta por solo proferirla o cuando tiene una finalidad que consista en tratar de impedir que otro ejecute lo que tiene derecho a hacer. La amenaza no constituye un delito de resultado por lo que si se logra o no la finalidad es irrelevante incluso si la persona que profiere la amenaza no representa un riesgo real para la persona amenazada.

La forma en que se castigan las amenazas, así como también la forma en que son tratadas para su investigación y protección de la víctima, depende del tipo de amenaza y de las características y relaciones personales del autor y del sujeto pasivo de las amenazas.

Las más simples se castigan con tres días a un año de prisión y una multa, aumentándose la sanción si el delito se comete por un familiar a otro.

Si la amenaza fuese con un daño leve o evitable, o se hiciera de un modo ambiguo o si se amenazaré con algo que no fuere en sí un delito, se exigirá al amenazante otorgar una caución de no ofender, que consiste esencialmente en otorgar una garantía de que si se realizaré otra vez la amenaza, el delincuente pagará una cantidad cierta de dinero determinada por el juez.

Cuando la amenaza antecede a la comisión de otro delito, nos enfrentamos a dos supuestos, en el primero cuando cumpliere su amenaza en cuyo caso se acumularan ambas sanciones. Por otro lado, si la amenaza fuera para obligar al amenazado a cometer un delito y este se cometiera, el amenazador será objeto de la sanción por las amenazas y por el otro delito cometido. Por cuanto hace al amenazado, puede o no ocurrir que este no sea sancionado por la comisión del delito si es que la amenaza pueda considerarse o no como una causa de exclusión del delito.